Como vimos en el anterior artículo sobre salud mental en España, el género condiciona la distribución de las enfermedades mentales. Las mujeres refieren algún problema de salud mental con mayor frecuencia que los hombres 14,1% frente a 7,2%. Tanto la depresión como la ansiedad tienen una prevalencia del 6,7% en la población general, sin embargo, afecta a más del doble mujeres que de hombres (9,2% frente a 4% respectivamente).

La pregunta que inevitablemente debemos hacernos es ¿Por qué?

¿Qué es el género?

El concepto de género en Ciencias Sociales fue acuñado por Gayle Rubin en 1975. Lo definió como un “conjunto de disposiciones por el que una sociedad transforma la sexualidad biológica en productos humanos”.

Según la feminista Rosa Cobo en su artículo El género en las ciencias sociales, cuando hablamos de género nos referimos a tres cosas:

Esta definición de género nos da ya algunas pistas sobre cómo tratar de responder a la pregunta ¿Por qué existen diferencias de género en la prevalencia de enfermedades mentales?. Adoptemos entonces una perspectiva de género.

Hablar de las enfermedades mentales con perspectiva de género

Hablar de enfermedades mentales desde una perspectiva de género implica entender que las mujeres pasan por situaciones de desigualdad. Entre ellas, la desigualdad económica.

Evolución de la tasa de paro entre la población española, por sexo. Mujeres en naranja, hombres en azul. Fuente: INE
Asalariados con salarios bajos, por sexo. Mujeres en naranja, hombres en azul. Fuente: INE

En estos gráficos podemos observar cómo las mujeres tienen una mayor tasa de paro que los hombres, que tiende a converger en situaciones de crisis, y además, suelen ser las que tienen salarios más bajos. Es aquí donde podemos ver que existe una distribución desigual de los recursos que indudablemente va a afectar a la prevalencia de las enfermedades mentales entre las mujeres.

Los trabajos peor remunerados habitualmente son ejercidos por mujeres antes que por hombres, e incluso cuando las mujeres acceden al mercado de trabajo, lo hacen en situación de precariedad, debido a la mayor temporalidad. Por otra farte, las reformas de austeridad implantadas por el Partido Popular después de la crisis del 2008 supusieron un gran golpe contra servicios públicos como la sanidad o la educación, casualmente dos de los sectores profesionales más feminizados.

En un país en el que los recursos se distribuyen desigualmente de forma sistemática, y donde los servicios de salud mental están solo al alcance de las clases medias – altas, las mujeres de las clases inferiores (escala Goldthorpe) tienen mayores dificultades para acceder a la atención de salud mental como así lo muestra el siguiente grafico.

Inaccesibilidad a la atención de salud mental por motivos económicos en personas de 15 y más años, según sexo y clase social.

Las mujeres de la clase más baja tienen el doble de posibilidades de no poder acceder a la atención de salud mental por motivos económicos que un hombre de su misma clase, y casi 10 veces más que un hombre de la clase más alta. Además muestran una mayor tasa de temporalidad como podemos ver en el histórico de datos del INE.

Explicar las enfermedades mentales a partir de las diferencias de acceso al empleo.
Porcentaje de personas con un trabajo temporal, por sexo. Mujeres en naranja, hombres en azul. Fuente: INE

Estos datos nos muestran cómo las mujeres como colectivo acceden a recursos como el empleo y en consecuencia el salario, de forma desigual a los hombres. Lo que contribuye de forma decisiva a la feminización de la pobreza, y en cierta medida también a la mayor prevalencia de enfermedades mentales como la depresión.

Ahora vamos un poco más allá.

Ya sabemos que las mujeres como colectivo tienen un acceso desigual a recursos como el empleo, sin embargo, aunque las mujeres tienen un mayor riesgo de pobreza (26% frente a 24,6%) en general, hay una parte que no se encuentra en riesgo de pobreza.

Cuando hablamos de situaciones de desigualdad, es importante matizar que no todas las personas que pertenecen a un colectivo sufren los mismos tipos de desigualdad, y por eso vamos a hablar de interseccionalidad.

¿Qué es la interseccionalidad?

El concepto de interseccionalidad fue acuñado en 1989 por Kimberlé Williams Crenshaw para explicar la situación de desigualdad que vivían las mujeres afroamericanas en Estados Unidos en relación a la violencia de género y a la discriminación en el mercado laboral.

Concluye que las mujeres afroamericanas en Estados Unidos, estaban “atravesadas” por conceptos como la clase social, la raza, el género, de tal forma que estas situaciones de desigualdad se fusionan dando lugar a desigualdades específicas que deben ser entendidas como tal.

Adoptar un enfoque interseccional nos permite ahondar aún más en el tipo de desigualdades que pueden sufrir las mujeres, y en cómo afecta a las distribución de las enfermedades mentales. Si hablamos de mujeres que padecen enfermedades mentales incapacitantes, podríamos contemplar, de entrada, hasta tres tipos de discriminación que actúan de forma simultánea. Por ser mujer, discapacitada y con una enfermedad mental.

La interseccionalidad nos permite comprender que existen distintas desigualdades, y que estas interaccionan generando desigualdades específicas de colectivos concretos.

¿Cómo influye todo esto en la salud mental de las mujeres?

Creo que hasta aquí he podido argumentar que existe una situación de desigualdad clara entre hombres y mujeres en nuestro país. A pesar de que me he centrado principalmente en la desigualdad económica, existen otras desigualdades que las mujeres sufren diariamente.

Pero quizás la desigualdad económica sea la pieza clave para dar una posible explicación a la pregunta que nos planteamos al principio. Como vemos, las mujeres con posiciones más bajas en la escala Goldthorpe puntúan más alto en los gráficos de prevalencia de la depresión y la ansiedad, y tienen menos probabilidades de poder acceder a servicios de salud mental. En este caso, la falta de recursos económicos es una explicación plausible.

Si las mujeres tienen un acceso limitado al empleo, lo que a su vez limita su acceso a los recursos económicos suficientes para acudir a una cita privada, deberán acceder a los servicios de salud mental públicos. Unos servicios públicos desbordados, como señaló la Defensora del Paciente, Carmen Flores, en La Sexta. Asegurando que “derivar a los pacientes a psiquiatría es la peor consecuencia de la falta de psicólogos en la sanidad pública española”.

Y es que la falta de psicólogos en España es un hecho que señalan los titulares de cientos de periódicos, blogs y páginas web, como el de redaccionmedica.com, que señala que “España tiene 4 veces menos psicólogos por habitante que el resto de Europa“.

Conclusión

Teniendo en cuenta todo lo comentado hasta aquí, considero que vivimos en un país que ha avanzado mucho en políticas sociales, sin embargo, creo que los grandes olvidados han sido no solo las personas que padecen enfermedades mentales, sino las personas que, formando parte de ciertos colectivos discriminados, padecen estas enfermedades mentales, ya que las consecuencias sobre estos son más extremas.

España es un referente mundial a la hora de proporcionar servicios de sanidad pública a sus ciudadanos. Sin embargo, la atención por parte de los legisladores a los servicios públicos de salud mental se puede considerar subóptima, lo que revela una de las grietas que existen en nuestro sistema de salud público.

En un país en el que acceder a servicios de salud mental de calidad es un lujo, seguiremos dejando de lado a las personas en general, y a las mujeres como colectivo en particular.

Mientras tanto, la inversión en salud mental permanece intacta, el suicidio sigue siendo la primera causa de muerte no natural, 1 de cada 4 españoles sufren enfermedades mentales, y existen grandes problemas a la hora de acceder de forma gratuita a los servicios de salud mental, sobretodo entre los que menos recursos económicos tienen: las mujeres.

En definitiva, luchar contra las enfermedades mentales debe de ser una prioridad para los gobiernos, pero como podemos ver, no lo es. Precisamente por eso es tan importante visibilizar la salud mental.

Nos va la vida en ello.

Eso es todo por hoy. En el próximo blog hablaré sobre el suicidio y ahondaremos en por qué no se habla sobre ello y en cómo hablar sobre el suicidio y las enfermedades mentales afecta a la población.

¡Hasta la próxima!

Javier Corral Díaz

Fuentes

  1. Instituto Nacional de Estadística – https://www.ine.es/
  2. Bedia, R. C. (2005). El género en las ciencias sociales. Cuadernos de trabajo social18, 249-258.
  3. Consaludmental.org – Guía de salud mental con perspectiva de género. Extraído de: https://www.consaludmental.org/publicaciones/Guia-Salud-Mental-Prespectiva-Genero.pdf
  4. La Sexta – “La falta de psicólogos en España engrosa las listas de espera en psiquiatría: “No son locos, son enfermos””. Extraído de: https://www.lasexta.com/noticias/sociedad/la-falta-de-psicologos-en-espana-engrosa-las-listas-en-psiquiatria-no-son-locos-son-enfermos_2016092557e7f0f50cf21f619138f7af.html
  5. ENSE, 2017 – Encuesta Nacional de Salud – Recuperado de: https://www.mscbs.gob.es/estadEstudios/estadisticas/encuestaNacional/encuestaNac2017/SALUD_MENTAL.pdf
  6. Youtube – Marta Cruells. “El concepto de interseccionalidad y su potencia académica y política”. Extraído de: https://www.youtube.com/watch?v=T158KWsWxPI&t=439s

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