Movimientos sociales en la crisis sanitaria del COVID-19

Esto es una imagen de la pirámide de las necesidades de Maslow. Se utiliza en Psicología como una de las perspectivas aceptadas para determinar el orden de las necesidades humanas, que depende principalmente de cómo son las condiciones externas. Seguro que muchos de vosotrxs ya lo conocéis, pero para los que no, este autor expone que no puedes ascender en la pirámide de necesidades si no has cubierto las necesidades básicas (de la base de la pirámide). Un ejemplo: si no has cubierto tus necesidades fisiológicas, como respirar, comer, descansar, es imposible que te preocupan cosas como la amistad, el autorreconocimiento o el éxito. ¿Quién estaría preocupado de ser exitoso si ni si quiera tiene un pedazo de pan que llevarse a la boca?

Maslow lleva esto a la psicología de la persona, individual. Como bien sabemos, somos seres sociales y vivimos en sociedad, y dependemos de forma extrema de ella (ahora lo vemos más claro que nunca), dependemos de los trabajadores de los hospitales, de la policía, en definitiva, dependemos de que cada parte haga “lo que ha de hacer” para que todo funcione. 

Ahora bien, si aplicamos este modelo piramidal a la sociedad en conjunto, nos daremos cuenta rápidamente de que como sociedad, también tenemos necesidades, y esas necesidades dependen de condiciones externas también y que además esas necesidades también se rigen por un orden, podríamos suponer que por el mismo ya que es un orden humano. Una vez dicho esto, vamos a hacer una aclaración: Los problemas políticos surgen por conflictos entre intereses de distintos grupos de personas que buscan cubrir sus necesidades.

Ahora hagamos un ejercicio de autorreflexión.

¿Qué necesidades puede tener hoy una auxiliar o una enfermera o una médica que está trabajando sin protección?

Si vamos a la pirámide, creo que todos podemos coincidir en que las necesidades que primero querrá satisfacer será las necesidades de seguridad ¿No es así?

Esa mujer querrá mascarillas, querrá protección y querrá estar segura en lo que le ocupa la mayor parte de su tiempo que es estar trabajando en el hospital y es más, al salir de trabajar, tampoco escapa realmente de su realidad laboral porque sabe que mañana tendrá que volver a estar probablemente desprotegida. Añadimos a esto la intensa alarma social creada en torno a este tema concreto y ya tenemos una idea básica de a lo que se tiene que enfrentar.

Supongo que no le preocupará con la misma intensidad la necesidad de crear una lucha feminista organizada (necesidades de reconocimiento y autorrealización) en esta situación si no está viva (necesidades fisiológicas) para poder hacerlo o si no está segura al realizar su trabajo (necesidades de seguridad).

Lo mismo pasa con otros colectivos que no son mujeres, o que si lo son, pero son discriminados además por otro motivo: colectivo LGTBIQ+, la generación de “niños pobres” que para poder comer muchas veces se ven bajo el yugo de la explotación infantil, la lucha por los derechos sociales de los inmigrantes, y una muy pero que muy larga lista de etc.

Una vez dicho todo esto, vamos a darle la conclusión que se merece:

Viviendo lo que nos ha tocado vivir ¿Significa que los problemas a los que remite y contra los que luchan los distintos movimientos sociales, ya sea el feminismo, los movimientos de inclusión y normalización del colectivo LGTBIQ+, etc., no son verdaderamente importantes? La respuesta es categórica y siempre lo ha sido por mi parte: No.

Significa que ahora mismo tenemos una situación que nos iguala a todos, porque al contrario que en una situación de normalidad, donde todos somos distintos, y algunos tienen privilegios (entendamos privilegio como la capacidad que tienen solo algunos de satisfacer sus necesidades) que otros no tienen, ahora todos buscamos simplemente seguridad, el segundo escalón de la pirámide.

La conclusión, espero que suficientemente fundamentada con lo que he intentado explicar, es que los movimientos sociales nunca han dejado de ser importantes, y mucho menos han dejado de exponer problemas reales. Es solo que ahora todos tenemos una misma necesidad, la necesidad de estar seguros.

Aprovecho esta conclusión para daros muchos ánimos, sobretodo a las personas que tenéis que seguir contribuyendo al funcionamiento del sistema para que todos estemos seguros. También a todas esas personas que lo pasan mal en el confinamiento, sea por la ansiedad, o por cualquier tipo de casuística a nivel de salud mental.

Paciencia y resiliencia. Queda poco. Pronto podremos abrazarnos.

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Corral Díaz, Javier

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